Extinción y prevención de incendios

Al menos un millón de personas han perdido la vida a causa de los incendios en los últimos veinte años. Este dato muestra por sí solo la importancia de la protección y la lucha contra incendios. Los gases se utilizan para ambos casos.

Los datos disponibles únicamente muestran una parte de la realidad, las estadísticas publicadas por la Asociación Internacional de Servicio de Incendios y Rescate (CTIF, por sus siglas en francés) están incompletas. En las más de dos décadas de existencia, la organización fundada en 1995, solo ha tenido a su disposición los datos de 27 a 57 países, con algunos cambios en términos de participación y comparabilidad. No es aventurado afirmar que los millones de fallecidos registrados solo representan una parte del total real. Lo mismo cabe decir de los demás datos proporcionados en los gráficos de la CTIF. No obstante, son muy instructivas: de media, hay 2,5 operaciones de bomberos por año por cada 1.000 personas; hay 1,9 muertes por cada 100.000 personas; únicamente la mitad de todos los incendios se producen en edificios (así como en el «sector del transporte», que no dispone de definición más detallada), pero es en estos incendios en los que ocurren del 90% al 95% de las muertes y no en incendios forestales o en vertederos. Cuando hay un incendio en edificios, la actuación de los cuerpos de bomberos es una cuestión de urgencia. 

Aire comprimido versátil

En operaciones contra incendios, las botellas con aire comprimido son parte del equipo básico, como explica Angela Bockstegers. Además de ser editora jefe de Gases for Life, también es Subjefe del Cuerpo de Bomberos de la brigada voluntaria contra incendios en Alpen, una municipalidad de Baja Renania: “Hoy en día usamos cortadores de plasma para eliminar cualquier obstáculo metálico, como vigas, rejas o tabiques durante una operación. Han reemplazado a los cortadores de llama de acetileno en el inventario de la mayoría de cuerpos de bomberos.” Un cortador de plasma separa los elementos estructurales con la ayuda de un arco de plasma y del aire comprimido. Mientras el arco sirve como fuente de energía, el aire comprimido sale por la boquilla a alta presión y corta el metal.

Las botellas también suministran el aire para los cojines de aire de evacuación, que ayudan a evacuar a las personas atrapadas en las plantas superiores de los edificios. Estos cojines se pueden inflar en tan solo 30 segundos gracias a la alta presión de las botellas. Por otro lado, los bomberos que entran en el edificio en llamas llevan en la espalda su propia botella de aire comprimido con aire puro respirable. Hay suficiente aire como para aguantar media hora, el tiempo necesario para llevar a cabo las labores de evacuación incluso si el edificio está lleno de humo y gases tóxicos.

Dispositivos de alarma y gases extintores
Los bomberos llevan consigo detectores de gas para detectar posibles atmósferas tóxicas. Normalmente detectan metano, el componente principal del gas natural, y dióxido de carbono, ácido sulfhídrico así como monóxido de carbono, y determinan la concentración de oxígeno en el aire ambiente. “Los detectores se comprueban y revisan cada cuatro meses,” explica Angela Bockstegers. “Cada comprobación consiste en ajustar el rango de medición con gases de calibración. Estos gases de alta pureza proporcionan los valores de referencia para realizar una medición precisa y fiable para las posteriores operaciones.”

No obstante, también hay gases que se pueden usar directamente para extinguir o prevenir incendios. Los extintores de dióxido de carbono (CO2) son un ejemplo especialmente generalizado. En lugar de un polvo extintor o un líquido espumoso, las típicas botellas de presión rojas contienen principalmente este gas inerte. Es más pesado que el aire y desplaza el oxígeno de la fuente del fuego. Se puede conseguir el mismo efecto con el argón, un gas noble completamente inerte pero significativamente más caro. Extinguir incendios con gases tiene la gran ventaja de que no provocan daños por agua. Por consiguiente, suelen ser el agente extintor ideal cuando hay bienes valiosos o especialmente frágiles, como en los museos, bibliotecas o salas de servidores. Algunos de estos lugares también tienen sistemas extintores instalados de forma permanente que cuentan con difusores de gas en lugar de rociadores de agua. En caso de incendio, los difusores liberan CO2, nitrógeno o una mezcla de gas inerte en el espacio afectado.

Inundación de nitrógeno

Para que el gas inerte también sea efectivo en incendios de mayor gravedad, tiene que cubrir la fuente del fuego durante veinte minutos y mantener el oxígeno alejado. Esto puede requerir grandes cantidades de gas. En espacios cerrados, la solución empleada más común es el nitrógeno, una opción económica ya que está disponible en grandes cantidades en el aire ambiente. Este gas se utiliza con frecuencia para extinguir incendios en silos, donde el agua, paradójicamente, puede ser resultar literalmente un riesgo de incendio, por ejemplo, cuando se almacena grano, pienso animal o tacos de madera en silos específicos. En ambientes húmedos, el material seco puede absorber el agua a través de las paredes del silo. La humedad desencadena un proceso de descomposición que genera calor y puede hacer que el contenido del silo prenda fuego. Usar agua como agente extintor está fuera de lugar en estos casos, simplemente para no poner en riesgo cualquier otro silo colindante. En su lugar, el silo se inunda de nitrógeno hasta que el incendio se haya extinguido y la temperatura haya bajado a unos niveles seguros.

Por supuesto, prevenir los incendios es mejor que extinguirlos. Por esta razón, los silos con contenido inflamable se protegen mediante la introducción de nitrógeno que produce una atmósfera especial. Este proceso no necesita un reemplazo completo del aire y el oxígeno. “La concentración normal del oxígeno en el aire es de aproximadamente un 21 por ciento,” afirma Angela Bockstegers. “Incluso con menos de un 17 por ciento, algunas sustancias ya no prenden. Por debajo de un 13 por ciento, es prácticamente imposible que se produzca un incendio. Para el pulmón humano, una concentración de oxígeno de un 12 por ciento es comparable a estar en lo alto de las montañas.
Las personas sanas pueden lidiar temporalmente con una atmósfera de este tipo sin problemas.”

Los sistemas de protección contraincendios como el sistema Messer LowOx se benefician de este hecho. Proporcionan un suministro continuo de nitrógeno en espacios que requieran protección, por lo que se reduce la concentración de oxígeno en el aire por debajo del nivel crítico. El gas se puede suministrar en tanques líquidos o generarse in situ, por ejemplo, con un sistema de adsorción por cambio de presión. Los bienes valiosos o los sistemas informáticos de vital importancia se pueden, por lo tanto, proteger con seguridad sin restringir el acceso de manera alguna. “Los gases hacen la vida más fácil y segura, no solo para nosotros los bomberos,” añade Angela Bockstegers.

Triángulo del fuego

El triángulo del fuego muestra los cuatro factores (oxígeno, calor y combustible en la proporción adecuada). Si se elimina uno de ellos, no puede haber fuego. Extinguir un incendio con gases inertes consiste en eliminar el oxígeno.

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